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Cinc anys de l'Iraq, Josemari&Ana

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Ana, cariño, hablo por la BBC y me escucha más gente que cuando Matías Prats cantó el gol de Zarra en Maracaná. ¿Que entre mis oyentes hay mucha horda roja dispuesta a morderme? Tanto da. Ladran, luego cabalgo. Me mantengo en lo dicho: la situación en Irak no es idílica, pero es muy buena. Naturalmente te hablo desde la óptica del estadista que contempla el rompecabezas del mundo en toda su complejidad, no desde el punto de vista de la hez. Mister Preston afirma que Don Francisco definía España como un país de paz y de alegría en el que se podía sonreír. Y esto fue en el cuarenta y cinco, cuando el pan era escaso y de cebada. ¿Se equivocaba, por tanto, Don Francisco...? Por supuesto que no. Pero así como el vulgo sólo veía una inmediatez poco lisonjera, él se daba cuenta de que en España volvía a amanecer. Ana, cariño, después de cinco años Irak no es lo que era. A cada amanecida el sol ilumina Bagdad de punta a punta, porque las fincas ciclópeas que le cerraban el paso fueron arrasadas por los mísiles. Y cada cinco metros se abre un boquete que el día de mañana será aljibe de lluvia fecunda o cuna en donde se fortalecerán las raíces de un arbolito frutal. O sea, que en Irak vuelve a amanecer. Los derrotismos, por infundados, son el refugio dialéctico de los anti-patria. ¿Que la liberación de Irak ha costado vidas? Algo de esto sé. Pero te responderé con un verso masculinamente cínico de uno de nuestros mejores vates. ¿De José Pla...? Ana, cariño, a José Pla se le daba mejor lo prosaico que lo lírico. Me refiero a Espronceda. Que no sé si me entiendes, igual me lo sustrajo del bloc que yo tengo en la mesilla de noche porque me suena a cosecha propia. ¿Que te lo recite...? Por supuesto. Helo ahí: 'Que haya un cadáver más, qué importa al mundo! Pues eso ¿qué importa? En una guerra únicamente se preocupan por contabilizar bajas los rojos, los verdes o los homosexuales, que todos ellos son unos flojeras. Pero todo un profesor de Georgetow, si quiere dar la talla, no puede estar pendiente de minucias. Yo, siguiendo la filosofía de El Ausente, me pregunto: ¿empieza a amanecer? Sí, de acuerdo. Esto también se lo pregunta el beodo ante la penúltima copa. Pero en el interrogante del beodo no hay grandeza ni ansia de futuro. Ana, cariño, en Irak amanece. Por esto afirmé en la BBC que la guerra contra el moro estaba más que justificada. O sea, dije lo mismo que hubiera dicho Rodrigo Díaz de Vivar si en la Edad Media Jiménez Losantos le acerca la alcachofa a los labios. Y hételo ahí, al Cid, en la cima de la historia. Incluso Charlton Heston aspira a parecérsele. Ana, cariño, la guerra ennoblece al varón. Yo, al menos, estoy plenamente convencido. Y te hablo por mi experiencia en la epopeya de Perejil. Aunque George y Anthony, cuya relación con la violencia no ha pasado de la caza del faisán, opinan lo mismo. George opina que la juventud americana clamaba por luchar o morir por un ideal. Y estoy de acuerdo. Yo, desde luego, hubiera enviado a Bagdad a toda la juventud catalana para que a la vuelta, los que volvieran, hubieran podido presumir ante sus abuelitos, pues no sé cómo se las arreglaron, pero todos los abuelitos de Cataluña combatieron en el Ebro. Aunque, claro, Yordi y los del gremio de La Morenilla se me hubieran vuelto levantiscos y ya tenemos otra Semana Trágica. Luego está el mal ejemplo de las clases pudientes inglesas que ha culminado con lo del Príncipe Enrique en Afganistán. Igual se me pone Llamazares en plan criada respondona y me pregunta por qué no envío a nuestro Alejandrito con la patrulla de ojeo. Ana, cariño, no te inquietes. La respuesta es obvia. Alejandrito es un cabeza privilegiada y a las cabezas privilegiadas nada de mosquetón, dales despacho. Como ves, no sólo tengo pensado el país, sino el paisanaje. Pienso, luego existo. Y en la Semana Santa, no te digo. Hago los deberes: me harto de pensar. ¿Que tú también has aprovechado los días de Pasión para darle vueltas al magín? Ana, cariño, la cabeza femenina está para lucir peineta. O sea, que si tienes algún problema o algo que te aflija, me lo traspasas y asunto resuelto. Me lo dijo el Padre Martínez Camino: la Semana Santa incita al varón a dialogar consigo mismo y empuja a la hembra hacia el confesionario. Pero quien cavila es el hombre. Espada y cruz no se separan. Fíjate en la Macarena lo favorecida que está luciendo el fajín de Queipo de Llano. ¿Que más lo estaría con la chaquetilla torera de Antonio Ordóñez? Ana, cariño, no compares. Ordóñez es espectáculo. Y en el fajín de don Gonzalo hay épica. Si en un futuro, aún lejano, yo dejo de velar por España y El Ausente me destina junto a los luceros, me gustaría que legaras mi cacerola de los macarrones al Cristo de Medinaceli. ¿Que si la chacha la nota a faltar se levanta en armas cual Manuela Malasaña contra los franceses? Ana, cariño, témplale el ánimo con un anisete. Y que cocine en el orinal. Siendo, como soy, historia, no me plantees problemas domésticos.

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