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La poesia, Aznar i Ana

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Ana, cariño, atiende a estos versos que he compuesto mientras me afeitaba: «Nuestro ganado pace, el viento espira,/ Ana mía suspira en dulce canto/ y en amoroso llanto se amancilla:/ gime la tortolilla sobre el olmo/ etcétera, etcétera, etcétera. ¿Que te saben a Garcilaso? En efecto, cariño. Con una diferencia sustancial a mi favor. Él escribe: Filomena suspira en dulce canto. Y yo, en cambio, le doy al verso un matiz más íntimo. Helo ahí: Ana mía suspira en dulce canto. La poesía no tiene edad, Ana, y Garcilaso y yo pulsamos los mismos registros líricos. Ayer Pilar del Castillo me transmitió la indignación de las universidades españolas por lo de Castro. Ya sabes, lo de los poetas. Consideran una grave ofensa a mi persona y, por añadidura, a todos los españoles, el hecho de que se disponga a levantar sendos monumentos a Lorca, a Machado y a un tal Pablo de la Torriente, mientras a mí me ignora. Yo le he dicho: Pilar, Pilarita, tu conoces mis versos y puedes valorarlos debidamente, pero soy consciente de que aún no han llegado a las masas. Y si las masas no los han paladeado, imagínate Castro, que es de los que sólo afinan la sensibilidad a base de mojitos. Ya sé que soy duro, Ana, pero me atengo a la realidad. Castro es de los que confunden el Parnaso con el corral de la Pacheca. O sea, que no hay que esperar de él que haga valoraciones justas a mi obra poética. Uno de estos días le recitaba a monseñor Rouco, otro de mis poemas con sabor a Garcilaso. Concretamente aquel tan conmovedor que dice algo así como «la cordera paciente/ con el lobo hambriento/ hará su ajuntamiento/ etcétera, etcétera. Pues bien, al acabar, Rouco lloraba. Me dijo: Presidente, hay que proteger a las adolescentes del peligro carnal que las acecha en la calle». Muy bien, le dije, potenciaremos a la Guardia Civil. Habíamos pasado de la lírica a la seguridad ciudadana sin cambiar de diapasón emocional. Y, desde luego, le prometí que la que le caerá encima a Arzallus será de aúpa. ¿Qué tiene que ver Arzallus con la cordera? Ana, por Dios, no preguntes obviedades. Con la cordera no lo sé, pero siempre que sale a colación lo del lobo hambriento pienso en él. No puedo evitarlo, jolines. En fin, haz que me sirvan una tila. Pilar me insiste en lo de Castro. Yo le he dicho: Pilarín, no me marees, que no ofende quien quiere, sino quien puede. A ver ¿qué dice el pasodoble? Bomba, Machaco y Vicente Pastor. Eso es: Bomba, Machaco y Vicente Pastor. Y a Manolete que le den morcilla, aunque fuera el mejor. Pues, mujer, conmigo pasa otro tanto. ¿Que Castro quiere homenajear a tres rojos que componían versos? Bueno, pues que lo haga y que le aplaudan los chinos. Yo a lo mío. O sea, ajustándome a la lírica más exigente, la que va de Garcilaso a Julio Iglesias. De todas formas, tanto la reacción de Pilarita como la de las universidades, hay que valorarla muy positivamente. Infinidad de rectores me han cursado invitación para que acuda a dar recitales a sus respectivos centros. No voy a aceptarlas, es obvio. Pero las agradezco. Mi desvelo es España, sobre todo ahora que estoy a punto de cantar bingo en la comunidad de Madrid. Si acaba por gobernar Esperancita Aguirre, España volverá a amanecer, te lo garantizo, porque Cardenal se merienda a Arzallus en dos almuerzos. En cuanto a Yordi ¿qué puedo decirte, Ana? Cuando llegue el momento adecuado vamos a bombardear Barcelona, aunque sólo sea para cumplir con la tradición. Pilarín ha encargado que me hagan una escultura, a fin de contrarrestar las tres de Castro. Inicialmente teníamos dudas. Se me vino y me pregunta: «Presidente ¿cómo te inmortalizamos?» Y, hombre, yo le dije que tanto me daba, que esto era cosa del artista, pero que, en fin, si de inmortalizarme se trata, a los líderes de mi fuste suelen inmortalizarlos en esculturas ecuestres. Fíjate en don Francisco, le dije, a caballo por toda España y no en un caballito cualquiera, sino en un jaco con sus buenos atributos. Claro que con la monta no soy como el hijo de la duquesa de Alba, pero supongo que me defendería. ¿Que en Burgos me desplazaba en Vespa? Pues sí, Ana, es cierto. Sin embargo, comprenderás que si me inmortalizan en bronce montado en Vespa, más pareceré Filemón que el presidente del gobierno. En consecuencia, hemos decidido que la escultura me represente de pie, quizás con un palmo de más. Y ya sabes, con el pecho fuera y algún que otro gesto de los que en mí son habituales y que resaltan la hombría. Inicialmente, en el pedestal figura aquel verso que dice algo así como «pastor que con tu silbo amoroso, etcétera, etcétera» En fin, yo no me opongo, porque toda mi obra es de calidad pareja. El único problema es que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, los del Colegio de Àrbitros han solicitado que la escultura se sitúe ante su sede. Por lo del silbo que puede convertirse en silbato ¿entiendes? A mí la propuesta no me acaba de satisfacer. Así que hay un mal arbitraje en el Bernabéu y los Ultrasur me llenan de tomates. Deja que me lo piense, le he rogado a Pilarín. Ya veremos. En cambio, Pérez Reverte, que es un chaval que en el mundo de las letras promete más que la lotería, ha sugerido la necesidad de publicar una antología de mis dos mil o tres mil mejores poemas. La propuesta me ha halagado, no voy a negártelo. Pero también le he dicho que todo a su debido tiempo. Este verano, en Menorca, voy a releerlos. E igual introduzco uno en catalán para acallar los celos de la periferia. ¿Que si estoy en Menorca tiene que ser en balear? Dices bien, Ana. Voy a tenerlo en cuenta, no sea que Jaimito se nos ofenda. Los de pueblo son la hostia. Pero ¿qué le vamos a hacer? Al referirnos a las culturas regionales, hemos de tener cuidado en no alabar excesivamente a los de Villaarriba, si no queremos que se nos ofendan los de Villaabajo.

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