Ana, atiéndeme: dale un tirón de orejas al chaval, porque esto de que me lo detengan los carabinieri por circular a ciento sesenta me deja sin argumentos ante los de Tráfico. ¿Que mi querido George empezó así su carrera política, saltándose semáforos en rojo y con un pedo de whisky de aquí no te menees? Bueno, es cierto. Pero cada cultura tiene sus formas de acceder al poder y el modelo americano no se ajusta al nuestro. Tu bien lo sabes, Ana. Aquí uno da un golpe de Estado o se encarama arriba birlándole los zancos al vecino. Eso por lo general. Luego están los llamados por la Patria. O sea, el Ausente y yo y alguno más. Don Francisco quizás. Y doña Isabel la Católica y pocos más. Atiende, Ana: si quieres que el niño empiece su carrera política según el manual americano, se lo comento a George y le enviamos con su Porsche a Miami. Ya sabes cuál es mi estilo. Directo, yendo al grano. Mira, George, le digo, la política es peligrosa pero a mi chaval no se la puedo quitar de la cabeza. Además sigue tus pasos ¿le presentamos para gobernador de California antes de que se me salga por una curva y me lo tengan que recuperar los indios subido en una rama de higuera en el Cañón del Colorado? Es posible que me diga oh, yes, Ana. En California, los Aznar gozamos de un prestigio que no veas, te lo digo yo. Mister Gray Davis me presentó en el parlamento como the great democrat. O sea, el gran demócrata. Confirma la traducción con la chacha dominicana de Anita, pero el taxista cubano que me llevó de vuelta al hotel me aseguró que esta era la traducción exacta. Imagínate, yo, Josemaría de Quintanilla de Onésimo 'el gran demócrata! España empieza a amanecer, Ana, tenlo por seguro. Es un gran honor el que me concede este tal mister Gray, aunque me sabe mal por don Francisco que, si se entera, esté donde esté, igual me toma por uno de los del Frente Popular. Yo hubiera preferido que me calificara de invicto caudillo, que es lo que soy, jolín, pues la toma de Perejil la hubiera firmado el mismísimo don Rodrigo Díaz de Vivar. Pero, en fin, los americanos tienen una escala de valores diferente a la nuestra, ya te lo he dicho. Nosotros somos más duros, más castrenses. Por cierto, Ana Palacio quiere aprovechar la euforia popular por la victoria en Irak y los vientos de reconquista que recorren España, para acelerar lo de mi bronce en los aledaños del Santiago Bernabéu. Yo le he dicho que de acuerdo, que cuando quiera. El único problema estriba en que me quiere inmortalizar montado en jaco y lo mío, tú lo sabes de los años en Burgos, es la Vespa. Claro, en Vespa, aunque adopte la pose gallarda que me caracteriza, no dejaré de sacarle un aire a Filemón. ¿Que tu me quieres en jaco como don Francisco? Sí, sí, de acuerdo, Ana, cariño. Me subiré a un jaco, pero ten presente que tu marido se la juega, porque el único caballito que he montado es el del tiovivo. Aún así, tu tranquila. Recuerda cuando en Sevilla nos subimos a un carruaje. El gitano que lo conducía, ya sabes, aquí la catedral, aquí la Maestranza y lo que fuera. Y yo, sin perder la serenidad, iba recitándote aquellos versos de Góngora tan salados: «Mi jaca, que galopa y corta el viento/ cuando pasa por el puente/ caminito de Jerez, etcétera, etcétera. Quiero evidenciarte que tengo una cierta experiencia con los caballos. Por otra parte, Gallardón me ha propuesto que salga a Las Ventas, algunos domingos, como picador reserva. Ya sabes, para que me acostumbre. Me comenta que los caballos son centenarios y andan más lentos que la Administración. Claro, me dice, tu te metes el castoreño hasta las orejas y el ala te cubre el rostro de manera que nadie sabrá quién eres. Pero de Gallardón yo me fío menos que de Yordi, ya ves, e igual se va a Llamazares con el cuento de que en los carteles han puesto un nombre y todo lo demás. ¿Y qué? ¿Cómo y qué? Que a las cinco de la tarde me encuentro toda la rojez en los tendidos exigiendo que yo, Josemari, le eche una puya al toro. Conque ya veremos. Igual me compro un caballito de cartón y que el artista le eche fantasía. Para esto se le paga, jolín. Además, no puedo distraerme de mi objetivo básico que es la reconstrucción de España. Aplastado el pronunciamiento de Bayona, Ana, Arzallus tiene los días contados. Mis hombres le han visto salir del súper con detergente, te lo confieso en primicia, por lo que lo de las armas de destrucción masiva está cantado. Así que le he comunicado a George que a eso de las cinco de la tarde, el día que quiera. En una hora de bombardeo dejamos Guernika convertida en material de artista. ¿Que queda Yordi? Ya lo sé, Ana. Pero Yordi no me preocupa. Yordi ha de mirarse en Cambó. De manera que le citaré en Madrid, le diré Yordi déjate de coplas que España hierve y Yordi se dejará de coplas. La reconquista no es fácil, Ana, pero te ruego que tengas fe en mí. Vamos a conseguir, en un día no lejano, que los chavales catalanes reconozcan a Gento antes que a Companis. Pilarita del Castillo está trabajando muy a fondo en la reforma de la enseñanza. Además, Ana, he de reconocer que en este momento histórico que marca el resurgir de España, los socialistas están dando la talla. Mira, a Zapatero voy a proponerle para jefe de balillas, se lo merece. Más adelante, después de enviar a Arzallus a la cárcel con los moros de Guantánamo y de someter a Yordi, habrá llegado el momento de cohesionar la sociedad. Estoy en ello, Ana. Ni derechas ni izquierdas, nosotros. Rato me ha propuesto maridar a Redondo Terreros con Ana Palacio, al más puro estilo Jiménez Caballero. Y si lo conseguimos, se acabó la lucha de clases entre españoles. Luego podrá volver Julio Iglesias a España. Por cierto, Ana, por qué sigue exiliado Julito, si es algo así como Neruda, pero con una pizca de azúcar, canela y miel...
Aznar parla amb Ana